4.1.13

Entre gatos y culebras

Conocí a Haruki Murakami por mi mamá, leí algunos de sus libros, unos mas largos y,  por momentos,  pesados, otros más dinámicos y entretenidos. Este es uno de esos, un fragmento de 'Kafka en la Orilla', el mejor, según mi criterio. Y los que me conocen, entenderán por qué.   

Que lo disfruten.  



"-Entonces, ¿cabe pensar que a Goma se la ha llevado una de esas personas de mente retorcida? -preguntó Nakata.

Mimí hizo una mueca combando sus grandes bigotes blancos.

Sí. No me gusta pensarlo. No quiero ni imaginármelo, pero no podemos excluir esa posibilidad. Señor Nakata, yo no he vivido muchos años, pero he presenciado las escenas más horribles que imaginarse pueda. La mayoría de personas piensan que los gatos son seres indolentes que se pasan el día tendidos al sol, sin preocupaciones, pero nuestra vida no es tan bucólica. Somos seres humildes, impotentes y frágiles. No tenemos caparazón como las tortugas, ni alas como los pájaros. No podemos ocultarnos bajo tierra como los topos, ni cambiar de color como los camaleones. El mundo desconoce cuántos gatos son maltratados día tras día y cuántos tienen una muerte miserable. Yo he tenido la suerte de ir a parar al cálido hogar de los Tanabe, allí los niños me miman, no me falta de nada, pero, no obstante, mi vida no siempre es fácil. Por eso pienso que, para un gato callejero, la lucha por la supervivencia debe de ser muy dura.

-Señorita Mimí, es usted muy inteligente -dijo Nakata admirado ante la elocuencia de la gata siamesa.

-¡Oh, no! ¡Qué va! -dijo Mimí tímidamente entrecerrando los ojos-. Me he vuelto así al pasarme el día en casa tumbada ante la tele. Es horrible no acumular más que conocimientos superficiales. ¿Ve usted la televisión, señor Nakata?

-No, Nakata no ve la televisión. La gente que hay dentro habla demasiado rápido y no puedo seguirlos. Nakata es un idiota y no sabe leer, y, si no sabes leer, no puedes entender bien la televisión. Alguna que otra vez, escucho la radio, pero también hablan demasiado deprisa y enseguida me canso. A mí me divierte mucho más salir de casa y hablar con los gatos bajo el cielo, como estoy haciendo ahora.

-iOh! ¿De veras? -preguntó Mimí.

-Sí -dijo Nakata.

-Ojalá no le haya pasado nada a Goma -dijo Mimí.

-Señorita Mimí. Voy a ir a ese solar a vigilar.

-Según dice el chico este, es un hombre alto que lleva un extraño sombrero de copa y unas botas altas de cuero. Anda muy rápido. Por lo visto tiene un aspecto tan raro que es muy fácil reconocerlo. Los gatos que se reúnen en el solar se dispersan a los cuatro vientos en cuanto lo ven. Pero claro, los gatos recién llegados, que desconocen las circunstancias…

Nakata grabó esa información en su cabeza. La guardó bien guardada en el importante cajón de las cosas que no podía olvidar. Un hombre alto que lleva un extraño sombrero de copa y unas botas altas de cuero.

-Espero haberle sido útil -dijo Mimí.

-Gracias de todo corazón. Si usted no hubiera tenido la amabilidad de dirigirme la palabra, yo aún seguiría dándole vueltas a lo de la caballa, incapaz de avanzar un paso. Le estoy muy agradecido.

Me da la impresión -dijo Mimí alzando los ojos hacia el rostro de Nakata y frunciendo ligeramente el entrecejo- de que ese hombre es peligroso. Pero que muy peligroso. Quizá más de lo que usted, señor Nakata, pueda imaginarse. Yo, en su lugar, no me acercaría al descampado. Ya sé que es usted un ser humano, que se trata de su trabajo y que no tiene más remedio que ir, pero tenga muchísimo cuidado.

-Muchas gracias. Lo tendré.

-Señor Nakata, este mundo es extremadamente violento. Y nadie puede escapar a la violencia. No lo olvide. Por mucho cuidado con que se ande, nunca es suficiente. Y esto es válido tanto para los gatos como para los hombres.

-Sí, lo tendré muy en cuenta -dijo Nakata.

Pero en qué diablos consistía la violencia de este mundo y dónde estaba, Nakata no acababa de entenderlo. Porque había muchas cosas en este mundo que Nakata no entendía, y entre ellas se incluía todo lo relacionado con la violencia."

8 comentarios:

Maica dijo...

oh... estoy leyendo ese libro justamente, y me impresionaron las mismas palabras...
lo celebro!

Sweet carolain dijo...

Mimí es una genia!!!!!!!

Lola dijo...

Hace meses que les estoy dando vueltas a Murakami, poroto más para que empiece a leerlo.
Ahhhh, los gatos!!!! Son tan complicados y contradictorios que no termino de entender cómo no son seres humanos.
Hasta la división macho-hembra es igual (tanto que a pesar que son un poco más cochinos, empecé a anhelar mucho tener un pachorro y panzón gatito macho, en vez de una alocada y gataflora hembrita, jaja)

Besos!

Sweet carolain dijo...

ajajajajaj leelo, en este libro el Sr. Nakata tiene dificultades para hablar con las personas, pero no con los gatos. Mi sueño, hecho realidad.

Y si, los gatos deberían ser un poco personas.

Bella dijo...

Muy bueno! siempre escucho hablar de Murakami pero nunca había leído nada de él, hasta ahora :0)

Sweet carolain dijo...

leelo! es lo mas, bellita!

sergio feldmann dijo...

Sabes que, incluso lo pongo en mi blog, que "Cronica del pajaro que da cuarda al mundo" es uno de los peores libros que lei en mi vida. No pude entenderlo, pero fue el unico que intente leer de este autor. Me frustro tanto intentar leerlo y no entenderlo que me embronque con el autor. Pobre...
BUeno, sigo chusmeando tu blog.
Saludos desde Londres.

Sweet carolain dijo...

Si, Sergio, ese es largo y enredado. Pero éste o Tokio Blue, son mucho mas 'accesibles'
Saludos, desde Córdoba!

"El hecho de escribir sobre mi mismo me había obligado a contenerme, haciéndome invisible, impidiéndome encontrar lo que andaba buscando. Me hacía falta distanciarme, dar un paso atrás y crear un espacio entre mí mismo y el tema (que no era sino mi propia persona), así que volví al principio de la segunda parte y empecé a escribirla en tercera persona"

Paul Auster 'Invisible'
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“El tiempo acaba siempre borrando las heridas. El tiempo es una lluvia paciente y amarilla que apaga poco a poco los fuegos más violentos. Pero hay hogueras que arden bajo la tierra, grietas de la memoria tan secas y profundas que ni siquiera el diluvio de la muerte bastaría tal vez para borrarlas. Uno trata de acostumbrarse a convivir con ellas, amontona silencios y óxido encima del recuerdo y, cuando cree que ya todo lo ha olvidado, basta una simple carta, una fotografía, para que salte en mil pedazos la lámina del hielo del olvido”


Julio LLamazares, 'La lluvia Amarilla'

Seguime chango, seguime

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